Introducción / Introduction
La educación más allá de la escuela
Mi nombre es Mario González. Soy un ciudadano del mundo, esposo y padre de familia. Como muchos de ustedes, pasé gran parte de mis primeros veinte años en ambientes escolares. Es difícil imaginar mi vida sin la escuela. Resulta aún más difícil considerando que con el tiempo me convertiría en maestro. Aunque ya no soy maestro de escuela, todavía doy clases de vez en cuando fuera del sistema escolarizado.
Creo que ser maestro es más mi destino que mi elección. Quizás sea el único trabajo que, para mí, no es trabajo – quizás porque los disfruto mucho, y la paga es poca. Me parece que la actividad de “enseñar y aprender” es tan natural que ni siquiera podríamos evitarla por más que uno quisiera. Estoy de acuerdo con las personas que afirman que la “educación” es tanto el problema como la solución para superar la pobreza, la violencia y otros efectos de mentalidades en esclavitud e ignorancia.
Muchos de nosotros luchamos por encontrar mejores formas para educarnos y cuando nos convertimos en padres de familia, nos interesa encontrar un ambiente seguro y productivo para formar a nuestros hijos. Muchos buscan la mejor escuela a su alcance para inscribir a sus hijos; pero desafortunadamente, muchos de nosotros no contamos con los recursos necesarios para brindar la educación de calidad que quisiéramos. Así que únicamente hacemos lo que creemos es lo único que podemos hacer.
La pregunta a formular es: ¿Habrá alguna otra forma de lograr una buena educación?, ¿existirá?, ¿se nos podrá ocurrir algo diferente?
Me parece que sí. Sin embargo, es necesario pensar más allá de lo que nos han hecho creer hasta ahora.
Cuando conocí a mi esposa, ella me introdujo en un paradigma de educación alternativa conocido como “homeschooling” (educación en casa). Antes de casarnos, a menudo conversábamos sobre la forma en que educaríamos a nuestros futuros hijos. Ella creía en el “homeschooling” y quería conocer mi opinión sobre el tema. Tan pronto aprendí lo más básico de dicho paradigma educativo , me dije: “!De ninguna manera¡” “Esto es para enfermos mentales”. Posteriormente, comencé a leer más sobre “homeschooling” y otro concepto conocido como “unschooling” – después de todo me quería casar con la muchacha. Leí un poco al respecto y también conocí a algunas familias que viven conforme a ellos. Puse en la balanza los pros y los contras, así como los beneficios y los riesgos de esta nueva alternativa educativa. Lo pensé y lo pensé una y otra vez. Al final, creo que me convertí en “otro enfermo mental”.
Tengo tres pequeños varones que no irán a la escuela. Por lo menos, no como todos los demás: al kinder, a la primaria, a la secundaria o a la preparatoria tradicional. Probablemente, usted estará pensando, “¡Pobres niños!”, “¡Qué alguien detenga a esos enfermos mentales!”. Eso se debe a que le falta información. Por supuesto, existen aspectos muy importantes que deben tomarse en cuenta con mucho cuidado, tales como: el desarrollo académico, la socialización, la certificación de estudios, etc.; sin embargo, los beneficios de no llevar a nuestros hijos a la escuela son, para nosotros, muy claros y predominantes.
A continuación, mencionaré algunas de las razones más importantes por las cuales decidimos educarnos, a nosotros mismos y a nuestros hijos, de una forma supraescolar (así es como la llamamos).
1. Cada adulto y cada niño es diferente. Como seres humanos compartimos muchas cosas. Pero no lo compartimos todo. Cada individuo posee objetivos de vida muy particulares. Los sistemas escolarizados buscan producir “gente estándar” – por lo menos hasta la preparatoria. Los jóvenes deberán aprender las mismas materias, de la misma forma, al mismo tiempo, de las mismas fuentes. En México, no importa a dónde vayas a la escuela, todo se trata de memorizar. Sólo unos cuantos exalumnos aplicados recuerdan el 20% de lo que aprendieron en los salones de clases. Ahora, los expertos en educación comienzan a darse cuenta que los niños (desde temprana edad) están interesados en cosas diferentes, que poseen estilos diferentes de aprendizaje, y que requieren diferentes ritmos para alcanzar un aprendizaje pleno. Como instructor de inglés de Berlitz, me di cuenta de la efectividad de la enseñanza uno a uno en comparación al aprendizaje grupal. No estoy diciendo que el aprendizaje grupal no sirva para nada. Sólo afirmo que si lo único que estuvo a nuestro alcance fue el aprendizaje grupal, en realidad nos perdimos de mucho”.
2. El centro de la dinámica de aprendizaje está en el que aprende. Al observar a los niños pequeños nos damos cuenta que, como humanos, poseemos una curiosidad natural por conocer y explorar el mundo que nos rodea. Todo infante está lleno de curiosidad y pasión por aprender – al menos hasta que ingresa a un salón de clases. “Abran sus libros en la página 54, vamos a leer sobre la revolución francesa” – lo que quieres saber a tus siete años es como le hizo esa araña para construir semejante telaraña encima del escritorio de la maestra. “Pepito, ¡abre tu libro¡ Ya le preguntarás a tu maestro de biología cuando llegues a secundaria.” – Pepito teme reprobar ese examen de historia (o de memoria de corto plazo); quizás nunca tenga la oportunidad de formular su pregunta.
Si tan sólo nos diéramos la posibilidad de creer en el aprendizaje puro y espontáneo, todos seríamos individuos autodidactas y productivos. El creer que necesitamos a un maestro para que nos transfiera sus conocimientos a nuestro cerebro para llegar a ser educados, me parece que no tiene ningún sentido. Estamos en un tiempo en donde 99.9 por ciento de lo que se supone que debemos aprender en la escuela se encuentro en un teléfono inteligente (iphone). Las habilidades más importantes que he desarrollado no las desarrollé en la escuela. Las aprendí por mí mismo. Me hubiera gustado haber tenido más tiempo para ser mejor en aquello que siempre quise aprender y no en lo que otros creyeron que era más importante. Al final de la travesía escolar, todo lo que obtienes es un pedazo de papel que dice que eres un profesionista universitario – listo para formar parte de la creciente lista de desempleados. Cualquiera con un negocio pequeño, en sano funcionamiento, tiene mayores posibilidades de un mejor futuro que un universitario recién graduado.
3. Mejores oportunidades de socialización. Una de las primeras objeciones en contra del “homeschooling” o “unschooling” (y espero que también de “supraschooling”) son las que tienen que ver con la socialización. “¿Cómo van a socializar los niños si no van a la escuela?” “De veras que están enfermos mentales ustedes…”. Bueno, la respuesta a esa pregunta es simple. Existen más posibilidades de conocer gente interesante fuera de la escuela que dentro de ella. El no llevar a la escuela a tus hijos no significa que los tienes que encerrar en tu casa; sólo quiere decir que no estarán encerrados con otros treinta niños recluidos – ah… y un profesor.
Los adolescentes a menudo tienen problemas de socialización con personas más jóvenes o con los mayores. Su vida es, en la mayoría de los casos, superficial e improductiva. Si nuestros hijos no fueran a la escuela, podrían hacer mejor uso de su tiempo. Podrían tener múltiples empleos, desarrollar más habilidades, tomar todo tipo de cursos y gozar de la libertad de aprender aquello que les sirva para alcanzar su propósito en la vida sin distracciones. Podrían hacer a muchos más amigos en diferentes ambientes y aprenderían a tratar con más respeto a todo tipo de personas a una temprana edad. Estarían aprendiendo sobre el mundo en el mismo mundo y no aprendiendo sobre el mundo desde un salón de clases.
Con estas reflexiones, sólo quiero motivar a la personas para que se atrevan a buscar soluciones diferentes a viejos problemas. Ser creativo significa tener la habilidad de ver lo que los demás no pueden ver en una misma situación. La educación supraescolar es un camino emocionante por el cual transitar, y mi familia y yo, andaremos en esa dirección. Como pioneros, nos encontraremos con muchas dificultades y retos. Esperamos que los demás puedan pasar por un camino más fácil y mejor después de nosotros. Afortunadamente, nos somos los primeros, aunque en México, hablar de educación sin la escuela es como hablar de Dios sin religión. Necesitamos gente valiente que asuma los problemas con determinación en contra de las voces pesimistas que todos escuchamos a nuestro alrededor. Toma tu posición y camina con firmeza.
Mario González Hernández – Guadalajara, México. (24 abril 2010)
mario.gonzalez@supraschooling.com